En pleno verano alentejano no hay flores. Por eso Redondo las hace de papel.
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En 1838, durante las fiestas de Nossa Senhora de ao Pé da Cruz, Nuestra Señora al Pie de la Cruz, algunos vecinos de Redondo adornaron sus puertas y ventanas con flores de papel. Es el registro más antiguo de una tradición que nació de la necesidad. En agosto, con la tierra quemada por el calor, las flores de verdad no bastan para engalanar un pueblo entero, y las pocas que hay se marchitan en un día. Las de papel duran toda la fiesta.
Durante más de un siglo, la costumbre fue y vino. En 1975, trece amigos se reunieron en el Grupo Pró-Amigos de Redondo y retaron al pueblo a adornar sus calles para las Fiestas del Pueblo. Dieciséis calles aceptaron. Al final, cuando llegó el momento de elegir la más bonita, el jurado, formado por vecinos de cada calle, tomó una decisión que dice mucho de esta tierra: el primer premio fue para todas.
La tradición volvió a detenerse y, en 1993, fue el Ayuntamiento quien la retomó, con tres calles. Desde entonces no ha dejado de crecer. Hoy se celebra cada dos años, en agosto, con más de veinte calles engalanadas. Unos cuatrocientos voluntarios pasan meses cortando, doblando y pegando toneladas de papel. Cada calle elige su tema y lo guarda en secreto hasta el día de la inauguración. Los vecinos de la calle de al lado lo descubren al mismo tiempo que los visitantes.
Si viene a Redondo en agosto de un año impar, caminará bajo un cielo de papel. Si viene en otro momento, mire estas calles e imagínelas cubiertas. Dentro de poco, en alguna sala del pueblo, alguien ya estará cortando la primera flor de la próxima fiesta.
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