Dinis de Melo e Castro, conde de Galveias 1

Dinis de Melo e Castro, conde de Galveias

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History

Está ante la Quinta do General, una casa que guarda una de las coincidencias más notables de la historia portuguesa. La construyó Pedro de Melo e Castro, hidalgo de la Casa de Braganza natural de Vila Viçosa, que había combatido en Alcazarquivir. En aquella batalla de 1578, Portugal perdió al rey, al ejército y, dos años después, la independencia. En esta misma casa nació, en 1624, un descendiente suyo: Dinis. Ochenta y siete años después de Alcazarquivir, fue Dinis quien mandó la caballería en la batalla que devolvió a Portugal lo que su antepasado había visto perderse. La misma familia, la misma casa: uno vio perderse el país, el otro ayudó a recuperarlo.

Dinis tenía dieciséis años cuando, el 1 de diciembre de 1640, Portugal se rebeló contra España. No lo dudó. Se alistó en una de las primeras expediciones que el rey Juan IV envió a reforzar la frontera del Alentejo, y partió como soldado raso. No sabía que la guerra duraría veintiocho años, ni que le ocuparía casi toda su vida adulta. Combatió en Montijo, en 1644, todavía sin graduación. Fue hecho prisionero por los españoles en el fuerte de São Miguel y rescatado cerca de Badajoz. Estuvo en las Líneas de Elvas, en 1659, y en Ameixial, en 1663. En total, combatió en once batallas y recibió veintidós heridas. Al final, su cuerpo era un mapa de toda la guerra.

Ascendió por mérito, no por nacimiento: de soldado a capitán, de capitán a maestre de campo, de maestre de campo a general. En 1662 y 1663 gobernó las armas del Alentejo, la provincia donde todo se decidía. En junio de 1665 ocurrió algo que ningún novelista se atrevería a inventar. El último gran ejército español, al mando del marqués de Caracena, marchó sobre Vila Viçosa para destruir el Palacio de los Braganza. Los portugueses fueron a esperarlo en Montes Claros, a tres kilómetros de esta casa. Dinis había pasado veinticinco años combatiendo lejos, y mandó la caballería en la batalla decisiva de la guerra con la casa donde había nacido a la vista. El 17 de junio de 1665, el ejército español se deshizo en aquel campo. La guerra estaba ganada, y él la había ganado en casa.

Vivió aún cuarenta y cuatro años. El rey Pedro II lo nombró conde de Galveias en 1691, y consejero de Estado y de Guerra. Ya anciano, todavía combatió en la Guerra de Sucesión Española. Murió en 1709, a los ochenta y cinco años, el último de los grandes soldados de la Restauración. En 1744 un sobrino escribió su biografía, con un retrato grabado en el que aún hoy se le ve el rostro: un hombre de mirada dura, sobre su escudo de armas.

La casa sigue en pie. Creció a lo largo de los siglos y, a principios del siglo XX, fue ampliada por Raul Lino, el arquitecto portugués más célebre de su tiempo. La avenida donde se encuentra lleva el nombre del general. Fue de aquí de donde partió un muchacho de dieciséis años, y fue a tres kilómetros de aquí donde ayudó a salvar su país.

Propiedad privada. La casa puede verse desde la avenida.

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