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Con apenas diecisiete años de edad, ya asombraba a los doctos profesores de filosofía de la Universidad de Évora con sus extraordinarias capacidades de raciocinio. Su inmensa sed de conocimiento la hizo ir más allá: según los relatos históricos, llegó incluso a asistir a la Universidad de Coímbra vestida de hombre, en un caso extraordinario para la época, para poder estudiar allí Retórica y Metafísica.
Su brillantez intelectual impresionó de tal forma a su maestro, André de Resende, que la noticia de su prodigio se extendió rápidamente por los círculos culturales de España, Francia e Italia. Más tarde, tras frecuentar la corte, acabaría por consagrarse a la vida religiosa, falleciendo a los cuarenta y siete años de edad en un convento.
Detenerse ante este busto es, en un breve instante, celebrar el coraje y la genialidad de una mujer que dejó una huella inolvidable en la historia del pensamiento en Portugal.
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